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IV. Nobles, mayorazgos, marqueses y declive social

Como hemos visto en el capítulo anterior, Villafranca ya se consolida como un señorío y sus dueños son los Álvarez de Toledo.

Las referencias que tenemos en su gran mayoría corresponden a las investigaciones de Charlotte Kennedy en su labor de paleógrafa (que es donde reside la documentación indiscutible). También contamos con publicaciones en la web como Wikipedia, otras páginas especializadas en historia y la labor del propio autor en la búsqueda de documentos y referencias de la época. Lo acontecido en estos años, desde el año 1500 hasta últimos de 1800, es lo que vamos a difundir en este capítulo.

Referencias historiográficas y documentales

Wikipedia nos dice al respecto:

En 1455, Juan II libró al lugar de tasas y estableció que la fortificación y el pequeño caserío surgido a sus pies llevasen el nombre de Villafranca del Castillo, que hoy se aplica a una urbanización de chalés.

En este mismo siglo, los Núñez de Toledo, descendientes de los Álvarez de Toledo, emprendieron obras de ampliación en el castillo y levantaron un muro doble alrededor de su núcleo principal.

Hasta prácticamente el siglo XIX, no vuelve a haber referencias escritas sobre el castillo. En 1813, en el testamento del marqués de Gelo y Santamarca, se describe el lugar como una zona despoblada.

Posteriormente pasó a manos del marqués de Sotomayor. En 1844, su hija hizo inventario del paraje que, según sus reseñas, constaba de un caserío, unos viñedos, un chaparral y unos campos, valorados en 1 329 850 reales. En 1868, el marqués vendió las tierras dadas sus dificultades económicas para mantenerlas.

Por varias fuentes coincide con el momento en que D. Fernando Puig Gilbert, industrial catalán, compra Villafranca.

Otras referencias de interés

En el libro Relaciones geográficas de los pueblos de España, encargado por orden de Felipe II en el año 1578, se incluía una serie de preguntas numeradas que debían responderse en cada localidad. En el caso de Villanueva de la Cañada, la contestación a la pregunta n.º 37 refleja lo siguiente:

«Es un lugar muy apretado de términos, porque está cercado por una parte y a la media legua del real e condado de Manzanares y dehesa de Villafranca y por la otra parte la dehesa y labrados de Brunete que está a menos de media legua, que es del Conde de Chinchón, y por otra parte con Quijorna, que es del dicho Conde».

Es decir, Villanueva de la Cañada estaba completamente rodeada por nobles potentados. Lo que resulta interesante es que no se menciona en absoluto el castillo; considero que no lo reconocían como parte de su dominio, ya que el documento habla de «cercado».

Por otro lado, en la obra Villanueva de la Cañada, de Juan Ortega Rubio y Joaquín Villar y Ferrán (1916), se lee:

«El término, cuya parte principal pertenece a la casa de Villadarias, confina al Norte con Villanueva del Pardillo, al Este con la Mejorada (¿se refiere a la anexión de Villafranca del Castillo?), al Sur con Brunete y al Oeste con Quijorna: comprende la venta de San Antón de Pax vobis, dehesa boyal, monte de propiedad particular intitulado de Villafranca del Castillo, algo de alameda y soto a la izquierda del río Guadarrama. Otro río, el Aulencia, riega también el término».

Nuevamente nos topamos con otra incógnita: el texto no hace ninguna alusión al castillo de Villafranca.

Respecto a Villanueva del Pardillo, Juan Ortega Rubio escribe en 1916:

«Debió este pueblo ser edificado por los cristianos que le denominaron El Pardillo, llamándole después, no sabemos el motivo, Villanueva del Pardillo. La distancia de Villanueva a San Lorenzo es de 13 kilómetros, a la estación de Las Rozas 7 y a Madrid 22. Para sus 478 habitantes de hecho y 496 de derecho, tiene iglesia parroquial, reedificada hace pocos años, bajo la advocación de San Lucas Evangelista, siendo aneja a ella la del coto de Villafranca del Castillo, que pertenece en lo civil al Ayuntamiento de Villanueva de la Cañada. El templo de San Lucas consta de una sola nave y los varios altares de su interior están perfectamente adornados. El curato es de los llamados de entrada. Extramuros se levanta la ermita de San Antón, cuya festividad se celebra con verdadero entusiasmo».

Y según fuentes de la Comunidad de Madrid:

«En las cercanías de la confluencia de los ríos Aulencia y Guadarrama, en el término municipal (actual) de Villanueva de la Cañada, se alza sobre el cerro del Horcajo un castillo, poco conocido, pero de gran valor histórico: el castillo de Villafranca, también llamado castillo de Aulencia».

La primera referencia documental del castillo data del siglo XIV, en un testimonio de don Alfonso, en Madrid, donde se le nombra como fortaleza; se cree que su origen podría ser incluso anterior, remontándose a la época musulmana. Sin embargo, no existen pruebas concluyentes que confirmen esta hipótesis. Lo que sí se sabe es que en el siglo XIV pertenecía a García Fernández y posteriormente pasó a manos de Alfonso Álvarez de Toledo, noble al servicio de Juan II de Castilla, aproximadamente en el año 1450. Tras establecer un mayorazgo, fueron demandados por parientes descendientes de los duques del Infantado y otros nobles. Luis Núñez de Toledo, a finales del siglo XVI, era capitán de infantería y combatió en Lepanto. Hace referencia a las disputas con sus importantes vecinos.

Con lo cual se afianza la tesis de que el castillo se construyó como un elemento de defensa y de ostentación territorial y económica ante los propios cristianos de Segovia, o frente a quien fuere. Esta tendencia constructiva iría en aumento entre los nobles hasta que la reina Isabel la Católica prohibió la edificación de nuevas casas-fortaleza o pequeños castillos.

Sin palabras.

El castillo en sí es un cuadrado simple con paramentos típicos de los siglos XII al XV, excesivamente fuertes para un conjunto tan reducido. Posee una torre del homenaje cuadrada y sencilla, construida con los mismos materiales y sin ningún elemento arquitectónico destacado.

Evolución del mayorazgo y pleitos familiares

Como hemos visto en el capítulo anterior, Alonso Álvarez de Toledo y Catalina Núñez de Toledo crearon un mayorazgo a favor de su único hijo varón, Pedro Núñez de Toledo; sin embargo, inmediatamente entraron en litigio con otros miembros de su familia.

Las notas del estudio de la investigadora Charlotte Kennedy reflejan dos dinámicas principales a lo largo de los siguientes cuatro siglos: una constante disputa interna por la herencia del mayorazgo y persistentes pleitos económicos con vecinos y administradores.

Fundación y línea de sucesión del linaje

El núcleo del patrimonio se articulaba en torno al mayorazgo de Villafranca del Castillo y sus propiedades asociadas:

  • Fundación (1450): El mayorazgo fue fundado originalmente el 21 de febrero de 1450 por Alfonso Álvarez de Toledo y Catalina Núñez en Fuentesaúco (Zamora), designando como primer titular a su hijo, Pedro Núñez (o Pero Núñez de Toledo).
  • La gran quiebra sucesoria (1503-1505): A la muerte de Pedro Núñez se desató una auténtica guerra judicial familiar. Sus bienes fueron secuestrados por la Corona en 1503. Su viuda, Leonor Arias, y su hijo, Luis Núñez de Toledo, se enfrentaron en los tribunales contra Juan de Mendoza y su mujer, Beatriz Zúñiga de Toledo (hija y hermana de los demandantes), por el control del mayorazgo y de los lugares de Cubas y Griñón.
  • Consolidación en el siglo XVI: Luis Núñez de Toledo logró asentarse como señor de Villafranca (falleció en 1567 dejando testamento e inventario). Le sucedieron Luis de Toledo y Mendoza (mencionado como regidor de Madrid hasta 1592) y Alonso de Toledo Mendoza. Paralelamente, otra rama familiar (Agustín Álvarez de Toledo contra Alonso de Mendoza) mantuvo vivos los pleitos por los derechos de la herencia.

También destaca el pleito entre Alonso de Toledo Mendoza, señor de Villafranca del Castillo, contra Antonio de Luna, señor de Cedillo, y su sobrino Eugenio Ponce de León, sobre una cantidad de arras prometidas a María Enríquez Guzmán, mujer de Alonso de Toledo.

  • Censos y deudas: Las dificultades financieras fueron constantes. En 1550, una viuda (Mencía de Cárdenas) les reclamó deudas vinculadas a sus bienes. En 1592, otra viuda (María Osorio) les ganó un pleito ejecutorio exigiendo el pago de 357 800 maravedíes.

Más tarde, en 1599, el señor Luis de Toledo litigó contra un maestro de obras (Andrés de Herrera) por una reparación defectuosa en la presa del molino de La Panjía, en Villafranca, exigiendo la anulación de los contratos que su propio administrador había firmado.

  • El pleito de 1660: Se documenta el litigio de Luis de Toledo Enríquez —caballero de la Orden de Santiago, marqués de Villamagna, señor de Villafranca del Castillo y de la casa de Bolaños—, su mujer Mariana Gaitán Gómez de Mendoza, su hijo Alonso de Toledo y Enríquez, y consortes, contra Francisco de la Cerda Ciudad Real (vecino de Guadalajara y residente en Madrid) sobre la tenuta, sucesión y propiedad del vínculo y mayorazgo que fundó Álvar Gómez de Ciudad Real, quien fuera secretario del rey Enrique IV.
  • Evolución a títulos de nobleza (siglos XVII-XVIII): El señorío se integró plenamente con el marquesado de Villamagna (ostentado por Alonso Antonio Álvarez de Toledo Mendoza en 1651 y Luis de Toledo Enríquez en 1660) y, ya en el siglo XVIII, con el marquesado de Gelo, cuyos titulares firmaron diversos arrendamientos de tierras y gestionaron el patrimonio familiar hasta finales de siglo.
  • Explotación en el siglo XVIII: Hacia 1755, el marqués de Gelo y Villamagna cambió de estrategia y recurrió masivamente al arrendamiento de parcelas y tierras de Villafranca del Castillo a diferentes particulares para monetizar el señorío. En 1765, el propio marqués solicitó permiso real para imponer un impuesto (censo) sobre sus estados y así poder costear las bodas de sus hijos.

La labor de investigación de la señora Kennedy en el Archivo Histórico de Protocolos de Madrid proporciona una base documental extraordinaria para entender la gestión de estos antiguos señoríos, publicados en una presentación de la SIGEH y en la web de la Asociación Histórica Aulencia.es.

Inventario y economía de los mayorazgos (1705)

Aportamos a continuación una serie de notas referentes a la memoria de rentas de los mayorazgos de Villamagna, Bolaños y Villafranca del Castillo en el año 1705:

  • La gran bodega y la viña «joya» del señorío: Destacaba una edificación con varias habitaciones unidas directamente a la zona de producción vinícola. Esta construcción contaba con rejas en las ventanas y lucía un escudo de armas en su fachada de piedra, reflejo de la condición señorial de la finca. La viña, con 300 000 cepas de uva moscatel, era la joya de la corona del señorío. Estaba completamente protegida y delimitada por una valla o cerca.

La viña en las cedulas marca 54,77 Ha. Aproximadamente son 54.000 cepas, uva moscatel muy apreciada.

  • (cuya traza aparece reflejada en las hojas kilométricas de la época, y figuran 54,77 hectáreas de viñedo, aproximadamente era lo que es la urbanización de Villafranca inicial, la franja que comprende desde el río, a la calle Castillo de Malpica).

Se aprecia escrito donde estaba la tapia, en la cedula de 1856

La construcción de este vallado perimetral era de gran solidez, hecha a base de tapias de tierra, machos (pilastras) de ladrillo y cimientos de calicanto, todo ello rematado con albardilla para protegerla de la lluvia. Disponía de una gran bodega con una cueva subterránea equipada con tinajas y una capacidad aproximada de 3000 arrobas de vino; aquí se almacenaba la producción propia de la finca, valorada en 14 000 reales al año.

  • La nave de salazón: También se documenta una nave de salazón de unos 100 pies de largo por 50 de ancho. Su arquitectura constaba de esquinas y machos de ladrillo con paredes de tapial (tierra) y un armazón de madera en el techo. Su función principal era el salado de tocinos, lo que demuestra que debían de disponer de una importante piara de cerdos.
  • El tejar: La finca contaba con un tejar entre sus propias instalaciones para la fabricación de tejas y ladrillos, lo que aseguraba de forma autosuficiente el mantenimiento y la construcción de las estructuras del señorío.
  • El puente de madera y el portazgo: Durante siglos, el principal puente que unía los caminos de la zona sobre el río Guadarrama fue uno de madera, descrito en los documentos como un puente «muy largo». Su notable longitud se debía a la propia naturaleza del río a su paso por la zona: un terreno llano que actuaba prácticamente como un vado. Aunque en verano el cruce no presentaba inconvenientes porque el río bajaba casi seco, la falta de profundidad del cauce y la anchura que tomaba en épocas de crecida obligaban a levantar una estructura de gran longitud para garantizar el paso y, sobre todo, el cobro del portazgo, que ascendía a 150 ducados al año.
  • Guardas y control territorial: Para el estricto control del monte, los encinares, los pastos, las siembras y las rastrojeras, se disponía de guardas desplegados estratégicamente en El Palancar, en la Mocha, en el propio Castillo y en la Venta.

Casas del Palancar y de la Mocha en 2024

  • Leña y carbón vegetal: Uno de los bienes más productivos del campo y montes encinares en aquellos años era la explotación de la leña para fabricar carbón vegetal a partir de las encinas (chaparras) y transportarlo a Madrid (era el combustible para las cocinas). Sobre esto se mantuvieron varios pleitos a principios del siglo XIX, ya que José I, durante el tiempo de la dominación francesa, requisó estos bienes, los cuales terminaron destinados a la guarnición militar de Madrid en 1813.
  • Pleitos por el carbón: El dueño de Villafranca era el marqués de Gelo y Villamagna, Hermenegildo Hurtado de Mendoza y Álvarez de Toledo (quien fuera brigadier de los Reales Ejércitos y coronel del Regimiento de Caballería de Alcántara). Junto con su heredera, Francisca Antonia Hurtado de Mendoza, iniciaron varios pleitos documentados por la propiedad del carbón, los almacenes y su comercialización en la capital.

Imagen de como se hacia, el carbon vegetal en la antiguedad Carbon para barbacoa en el siglo XXI

  • Sucesión de Sotomayor: A su vez, en el Archivo de la Nobleza figura Francisco Sánchez-Pleités y Rosso (1720 – 6 de febrero de 1775), I marqués de Sotomayor, caballero de la Orden de Calatrava y señor de Bolaños, de Campos y de Villafranca del Castillo. Casó el 28 de noviembre de 1760 con María Manuela Hurtado de Mendoza y Ramírez de Arellano, IX marquesa de Villamagna y VI marquesa de Gelo.
  • Herederos: En 1775 sucedió su hijo, Juan Pedro Sánchez-Pleités y Hurtado de Mendoza (1766-1856). Y más tarde José Mariano Nieulant Sánchez-Pleités (1822-1878) fue el que, salvo mejor documento, vendió la propiedad. Era III marqués de Sotomayor, IX marqués de Gelo y XIII marqués de Villamagna, entre otros títulos.

José Mariano Nieulant Sánchez-Pleytés.  9 no Marqués Gelo, 13 no Marqués Villamagna *1822 + 1878  

Hitos territoriales y jurisdiccionales

  • Conflictos de lindes (1495): Ya en el siglo XV existían grandes fricciones entre el lugar de La Despernada (Villanueva de la Cañada), las tierras de los poderosos duques del Infantado, los marqueses de Moya y el propio castillo de Villafranca.
  • La exención de las «Cinco Leguas» (1642): Este es uno de los hitos más importantes de las notas históricas. El 19 de julio de 1642, el marqués de Villamagna pagó 2000 reales a las arcas del rey Felipe IV. A cambio, Villafranca del Castillo se independizó de la jurisdicción de los alcaldes de Casa y Corte de Madrid (el área de influencia conocida como las cinco leguas). El marqués pasó a ostentar la «jurisdicción absoluta» de esas tierras, descritas en la época como un territorio junto al río Guadarrama prácticamente deshabitado, donde solo quedaban en pie el castillo y una venta.
  • El amojonamiento de 1685: Se conserva el traslado del apeo, deslinde y amojonamiento realizado entre el término de Villanueva de la Cañada y el de la villa de Villafranca, su castillo y fortaleza, siendo alcalde de esta última José Montero por título y merced del marqués de Villamagna.
  • Efectos de la guerra: Trágicamente, la guerra de la Independencia funcionó como un resorte que originó unos tiempos de profunda reestructuración territorial. Se pasó de la vieja división en señoríos, reinos, alfoces y cotos a una organización basada en provincias, ciudades y pueblos enmarcados en partidos judiciales. Se «copiaba» así el modelo de Estado centralizado de los departamentos franceses, una reforma auspiciada por Javier de Burgos (secretario de Estado de Fomento), quien ordenó publicar el Real Decreto del 30 de noviembre de 1833 a comienzos del reinado de Isabel II.

Retrato del político español,Javier de Burgos (1778-1848), que llegó a ser ministro de Fomento General del Reino y de Gobernación, e impulsó la división provincial de España.

  • Anexión administrativa: A partir de dicha normativa se modificaron y reajustaron los límites de las provincias y, en lo que a nosotros nos atañe, se integraron los antiguos señoríos, fincas feudales y despoblados dentro de pueblos o villas ya consolidadas. Es decir, es en este preciso momento histórico cuando Villafranca del Castillo pasa a integrarse administrativamente en Villanueva de la Cañada. Desconocemos, no obstante, qué autoridad o particular promocionó activamente dicha anexión.
  • Hojas kilométricas (1856/57): Cronológicamente, la siguiente referencia de propietarios de Villafranca son las hojas kilométricas de 1856-1857. Según las referidas cédulas kilométricas y otros documentos de la Dirección General del Instituto Geográfico, leemos en la margen superior (en una zona en blanco que indica las direcciones de los dueños): «El duque de Medinaceli vive en la calle San Bernardo y el sr. marqués de Sotomayor vive en la calle Flor Baja n.º 24». En la parte inferior añade: «Le corresponde esta finca a la propiedad del sr. duque de Medinaceli y al sr. marqués de Sotomayor, está en provincias y el administrador vive en la posesión».
  • Anotaciones informales: Si bien no anotan la fecha, nos guiamos por otras cédulas sacadas de la comarca que se hicieron en 1856-1857, dando por sentado que nos fiamos del señor que firma, Ángel Guerrero, del que no sabemos nada y que suponemos da la cara ante las autoridades. De una forma un tanto informal (debió de ser de palabra), dijo quiénes eran los dueños, algún funcionario lo anotó a lápiz y es de donde hemos sacado quiénes eran los propietarios en esos años. Posible ya estaban en negociaciones para vender.

Cedula catastral, tambien llamadas Hojas Kilometricas,hay detalles impensables en la «actualidad» ,el sello pone ADMINISTRACION DE VILLAFRANCA DEL CASTILLO, parece que, el que firma es el administrador, que tambien lo hace como alcalde, y los nombres de los propietarios estan sin rellenar, sin embargo anotan con lapiz los mismos y nosotros hemos transcrito el parrafo.

De nuevo, como si la finca estuviera abocada a los pleitos.

Hemos encontrado unos documentos de deslinde en 1870 conservados en el Ministerio de Hacienda y otros dependientes del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, publicados en la web. Estos indican claramente que Villafranca es ya una parte integrada del municipio de Villanueva de la Cañada. Los municipios vecinos no debían de estar muy de acuerdo, a juzgar por las actas de deslinde en las que se exige la presencia obligatoria de los regidores de Valdemorillo, Villanueva del Pardillo, Villanueva de la Cañada y Majadahonda (esta última era la que menos problemas presentaba, ya que su límite natural era el río Guadarrama).

En ese deslinde general, representando a Villafranca como un coto cerrado, figura como dueño (con fecha de 4 de marzo de 1870) don Juan Echevarría, y como administrador de la misma, José Domingo de Mendiguchia, quienes firmaron el acta. Lamentablemente, no hemos encontrado más referencias sobre estos señores, por lo que su papel exacto nos sigue resultando una incógnita.

Presentamos los documentos que firmaron todas las partes, si bien en los mismos archivos de la Dirección General del Instituto Geográfico Nacional aparece que existen dos actas que son nulas. Entendemos que son nulas en cuanto a las medidas y descripciones técnicas, pero no en lo que respecta a la identidad de los propietarios. A pesar de lo minucioso de la descripción, resulta curioso leer en las actas que, para señalizar los límites, ¡se limitaban a colocar un montón de tierra! Una de estas actas data del 4 de marzo de 1870 y la otra del 2 de septiembre de 1875.

Debido a la batalla de Brunete en 1937, no nos han llegado más documentos de aquellos acuerdos, los cuales estarían custodiados en los citados ayuntamientos y se perdieron. Los documentos conservados en el Ministerio ratifican rotundamente que Villafranca pasó a ser una parte indivisible del municipio de Villanueva de la Cañada.

Entendemos que aquellas discrepancies de límites continuaron hasta el año 1956, momento en que aparecen unas actas del mismo Ministerio dando por zanjado definitivamente el tema de los deslindes. En estas últimas ya no aparecen propietarios particulares, sino que la representación se realiza a nivel estrictamente municipal por medio de los alcaldes, concejales y secretarios. Los representantes de Villanueva de la Cañada firmaron el acuerdo el 28 de agosto, y los de Villanueva del Pardillo hicieron lo propio el 5 de septiembre de 1956.

Consideramos que estos límites son los que han quedado vigentes hasta el presente.

En esta primera pagina anota que el dueño es D. Juan de Echevarria y su administrador D.Domingo de Mendiguchia. Son 34 paginas con las mediciones y los linderos como un contorno. Es posible que ya habia comprado la finca, y dice que es un anejo a Villanueva de la Cañada. Y anotan que fue anulada.

Hojas de los deslindes del Catastro y aceptacion final en 1956

Legado humano que merece la pena divulgar.

Vamos a tratar de documentar las personas que figuraron como dueños o parientes allegados de aquellos últimos nobles propietarios de títulos. Para poder sobrevivir ya no valían los matrimonios de conveniencia o endogámicos; era el poderoso caballero «don dinero» quien marcaba las leyes y quien sobrevivía.

Existen documentos y varias fuentes que, al referirse al castillo (y por extensión a toda Villafranca), indican que en 1880 fue adquirido por Fernando Puig y Gilbert, industrial catalán muy activo en los negocios de la época. Durante todo ese tiempo, la fortaleza sirvió simplemente como habitáculo para el guarda de la finca.

Hemos investigado a fondo y debemos reconocer la alargada sombra de la familia Bahía, oriunda de Galicia pero afincada en Brunete desde tres generaciones atrás.

Para comprender correctamente este relato sobre la segunda mitad del siglo XIX en Villafranca, es preciso detenerse y detallar quién fue Cirilo Bahía Calvo (1812-1880).

Pero ello será objeto del siguiente capítulo.