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V. TRANSICIÓN AL SIGLO XX: DESORDENACIÓN SOCIAL. 1

Primera parte.  7 páginas. 21 de julio de 2026.

En este capítulo trataremos de poner nombre y cara a los dueños de Villafranca, desde las últimas familias de la nobleza hasta el relevo tomado por industriales, juristas y políticos, aunque muchos de ellos nunca visitaron la finca, salvo en alguna cacería. El texto se compone de unas interesantes anécdotas de las familias aristócratas y de dos biografías: la de los Bahía y la de Fernando Puig. Para ello, anotamos por orden cronológico algunos detalles de los Medinaceli y los Sotomayor.

Acogiéndonos a documentos fehacientes para conocer a aquellos personajes, y según las referidas cédulas kilométricas y otros documentos de la Dirección General del Instituto Geográfico, leemos en el margen superior (en una zona en blanco que indica las direcciones de los dueños):

«El duque de Medinaceli vive en la calle San Bernardo y el Sr. marqués de Sotomayor vive en la calle Flor Baja n.º 24».

En la parte inferior pone:

«Le corresponde esta finca a la propiedad del Sr. duque de Medinaceli y al Sr. marqués de Sotomayor, está en provincias y el administrador vive en la posesión».

Si bien no anotan la fecha, nos guiamos por otras cédulas de la comarca que se expidieron en 1856-1857. Damos por sentado que nos fiamos del señor que firma, Ángel Guerrero, de quien no sabemos nada y que firma como alcalde y propietario. Suponemos que dio la cara ante las autoridades de una forma un tanto informal (debió de ser de palabra: dijo quiénes eran los dueños, algún funcionario lo anotó a lápiz y de ahí lo hemos extraído).

Por otro lado, no hemos encontrado nada en los domicilios que indican las cédulas respecto a la calle de la Flor Baja. Si existía un palacio allí, esa zona se transformó por completo al construirse la Gran Vía en 1910. Un caso similar ocurre con el otro propietario que figura en la calle de San Bernardo, 6; con las obras de la Gran Vía se derribaron infinidad de palacios.

De este modo, debemos acoger estas referencias con mucha reserva. Una de ellas es que el duque de Medinaceli vivía en realidad en el palacio de la Carrera de San Jerónimo, esquina con el paseo del Prado; la otra es que no hemos visto ninguna otra cédula que registre dos propietarios a la vez.

Aprovechamos para divulgar cómo eran los palacios del paseo del Prado, sin otro ánimo que el de documentar aquellos años de Madrid.

  • El duque de Medinaceli: Consideramos que vivía en el palacio del Prado, esquina con la Carrera de San Jerónimo. Por las fechas indicadas, hacia 1867, el duque era Luis Tomás María Fernández de Córdoba y Ponce de León (1813-1873), XV duque de Medinaceli, poseedor de cerca de cincuenta títulos nobiliarios e igual número de nombres.

Heredó de sus padres el palacio del Prado, en cuya fachada sencilla, casi frente al Congreso de los Diputados, se apreciaba la grandeza de los Medinaceli. Entre esa fecha y la defunción del duque en 1873, se dotó al edificio de un nuevo revestimiento para sus fachadas, al que se incorporó una gran entrada presidida por el escudo heráldico de la familia.

Este palacio fue derribado en 1895 y sobre su solar se erigió el Hotel Palace en 1909. En lo que fueron sus jardines se abrió una nueva calle y se levantó, años después, la iglesia de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli. Hasta finales del siglo XX, esta saga familiar fue el mayor terrateniente de España.

El duque contrajo matrimonio con Ángela María Apolonia Pérez de Barradas y Bermuy (1827-1903). Hemos detectado que, cuando quedó viuda, se deshizo del palacio del Prado y compró otro, encargando al arquitecto Lorenzo Álvarez Capra una gran reforma interior que respetó la fachada exterior. A este nuevo edificio también se le conoció como palacio de Medinaceli hacia 1890. Estaba ubicado en lo que hoy es el inicio de la calle de Goya, en la plaza de Colón.

Tuvieron varios hijos; el tercer varón y quinto descendiente fue Fernando Fernández de Córdoba y Pérez de Barradas (Madrid, 1860-1936), XIV duque de Lerma (no llegó a ser duque de Medinaceli, título que ostentó su padre). Se casó a los 58 años en Sevilla, el 2 de febrero de 1918, con María Luisa Bahía y Chacón, que entonces tenía 33 años (1885-1960). Ella era hija de Luis Bahía Urrutia, de quien publicaremos una pequeña biografía para contextualizar su relación con Villafranca del Castillo.

Fernando fue asesinado por milicianos durante la guerra civil española en su propio domicilio de la calle de Goya, n.º 8, precisamente en ese segundo palacio. Al no tener descendencia, le sucedió una sobrina como duquesa de Lerma, quien posteriormente se casó con José Larios. Finalmente, este segundo palacio de los Medinaceli fue vendido en los años sesenta del siglo pasado a una inmobiliaria y demolido en 1965. En su lugar encontramos hoy los edificios del Barclays Bank y el Centro Colón, al inicio de la calle de Goya.

  • Los Sotomayor: Continuando con esta familia, si bien nos situamos después de 1828, es prácticamente imposible saber con exactitud quiénes eran los dueños. A esto se suma que, en esos años de revolución, se empezó a decretar la abolición de los señoríos (en 1837).

Sin embargo, aparecen algunas señoras como continuadoras de la línea de los Sotomayor. Anotamos esto con la única pretensión de reseñar los avatares de su vida personal, reconociendo que nadie parecía hacerse cargo de Villafranca, la cual muy posiblemente estaba en venta.

Una de ellas es Ana Zavala de la Puente, marquesa de la Puente y Sotomayor (1818-1904). Casada con José Joaquín de Osma y Rodríguez de Arellano, tuvieron varias hijas. Existen referencias de que esta señora encargó una casa señorial al arquitecto Fernando Arbós, el edificio hoy conocido como Palazzo Reale en el paseo de la Castellana n.º 9. Este inmueble se conserva en la actualidad y alberga la sede del grupo editorial Condé Nast (Vogue, Vanity Fair, entre otras publicaciones).

Una de sus hijas, Joaquina de Osma y Zavala de la Puente (nacida en Perú, 1855-1901), se casó el 14 de noviembre de 1887 con Antonio Cánovas del Castillo, ya sexagenario y viudo de Concepción Espinosa de los Monteros. Según las crónicas, ella tenía unos treinta años y era una mujer esquiva, altanera y orgullosa, hasta el extremo de que se decía que hablaba a los criados dándoles la espalda.

Físicamente era morena y pálida, de facciones enérgicas, tez finísima, grandes ojos y expresión imperiosa; de talla mediana, bien formada y porte muy distinguido. Una vez casada, se produjo en ella una notable transformación, llegando a alcanzar grandes dotes de gentileza y tacto social. Se apunta que en estos cambios influyó el traslado de vivienda, ya que sus padres les regalaron una mansión en la Castellana llamada La Huerta. Fernandez Almagro un libro sobre Canovas,  Tebas , 1972 https://www.bermemar.com/espartero/osma_canovas.html

A los diez años de matrimonio, el 8 de agosto de 1897, Cánovas del Castillo fue asesinado mientras veraneaba en Mondragón. Estaba sentado en un banco leyendo el periódico cuando se le acercó un individuo que le descerrajó dos tiros y, una vez en el suelo, le disparó de nuevo. Su esposa, Joaquina, que conversaba con otra señora a escasos metros, lo presenció todo sin poder hacer nada. Fue una experiencia sumamente traumática que psicológicamente nunca superó. Cuatro años más tarde, el 16 de agosto de 1901, fallecía en su residencia madrileña de La Huerta.

En esa segunda mitad del siglo XIX se construyeron bastantes palacios en Madrid por iniciativa de una aristocracia en decadencia. Como réplica a la ciudad de París, se edificaron para la representación y la ostentación del nivel económico, el cual no siempre iba en consonancia con la cantidad de títulos que se poseían. Unas familias ascendían mientras otras se arruinaban, hasta que la endogamia, que solía asfixiar a las generaciones, daba paso a sangre nueva y a nuevos horizontes. Un ejemplo de ello fueron los Sotomayor, que no lograron crear un verdadero patrimonio hasta que emparentaron con la familia de la Puente.Madrid desaparecido de Julio García Moutón y Penny

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El Palacio de la Marquesa de Argüelles, también conocido como Huerta de Cánovas, se encontraba en la manzana comprendida entre el Paseo de la Castellana y las calles de general Oráa, Serrano y Martínez de la Rosa. A diferencia de la mayoría de los palacios y palacetes de la Castellana, tenía su entrada principal por la calle de Serrano. El palacio, en estilo francés, fue construido hacia 1850 como residencia de los marqueses de la Puente y Sotomayor y fue el propio marqués el autor del diseño. En 1887, la hija de los marqueses recibió el palacio como regalo de su boda con Cánovas del Castillo. En 1901, el palacio pasó a ser propiedad de los marqueses de Argüelles, siendo derribado en 1951. En su solar se levantaron la actual embajada de Estados Unidos y el edificio Castelar. Fotografia de Julio Garcia Mutón y Penny.

  • Los deslindes y el misterio de los mojones: Como hemos referido antes, Wikipedia señala que la propiedad se vendió en 1868, fecha que coincide con las mediciones para las cédulas catastrales de donde hemos obtenido los nombres de los propietarios descritos. Según algunas fuentes, Fernando Puig compró la citada propiedad; sin embargo, como mencionamos en el capítulo anterior, hemos hallado documentos de deslinde donde aparece Juan Echevarría como dueño en 1870.

Es decir, entre las cédulas de 1856-1857 y el deslinde de 1870, no sabemos con total exactitud quiénes eran los dueños. Releyendo las anotaciones de dicho deslinde, se menciona la colocación de cotos de tierra y monolitos de piedra de un metro de alto con inscripciones solo en algunos puntos, aparentemente sin sentido. Estas piedras llevan grabadas las siglas C. R. D. E. S. M. G. Y.

Investigando estas inscripciones, hemos descubierto que no son hitos reales perdidos de la Corona, sino que marcaban el límite del Coto Redondo de Villafranca del Castillo (propiedad de los marqueses de Sotomayor) y desvelaban las siglas exactas de los dos apellidos de la familia terrateniente rival: Garnica y Echevarría (abreviado como GY). En el escrito se hace referencia al coto de piedra y a continuación se coloca otro coto de tierra, que son la mayoría.

Las enigmáticas siglas C. R. D. E. S. M. G. Y. significan en realidad:

Coto Redondo De Su Excelencia el Marqués [de Sotomayor] / Garnica Y [Echevarría].

¿Por qué aparecen estas piedras aisladas en el siglo XIX? La presencia de estos mojones responde a los intensos pleitos de deslinde que protagonizaron el marqués de Sotomayor y la familia Garnica-Echevarría:

  • La guerra por los linderos: El marqués de Sotomayor atravesaba graves dificultades económicas a mediados del siglo XIX. Para proteger su mermada propiedad de las incursiones de la boyante e influyente familia burguesa de los Garnica-Echevarría, el marqués ordenó un amojonamiento forzoso y definitivo de la frontera de su coto redondo.
  • La doble cara del mojón: Para que no hubiera dudas ante los tribunales, se labraron estas piedras específicas. La linde miraba a dos bandas: el lado del terreno perteneciente al Coto Redondo de Su Excelencia el Marqués frente al lado perteneciente a la propiedad de Garnica y Echevarría.

Estas piedras quedaron aisladas o dispersas debido a que, tras perder valor legal los cotos señoriales a mediados del siglo XIX y pasar las tierras a manos de nuevos compradores agrarios e industriales, los labriegos locales las fueron moviendo, enterrando o reutilizando para levantar muros. Esta explicación no nos basta, si bien tiene una indudable lógica si analizamos la comarca.

A escasos quinientos metros aguas arriba del río Aulencia, en lo que era y es término de Villanueva del Pardillo, existe una finca o paraje llamado Cotoria Garnica («cotoria» parece referirse a coto redondo junto al río), y Garnica es un apellido emparentado con Juan de Echevarría. Se trata de una finca de varios cientos de hectáreas y abundantes viñas que, en la actualidad y según el catastro, se denomina Barranco del Cura, Salto del Lobo y finca La Montanera.

Salvo que aparezca un documento mejor, el señor Juan Echevarría La Llana —industrial, contratista de obras públicas y alcalde de Bilbao— cuenta con un árbol genealógico perfectamente documentado en los registros históricos y en la Real Academia de la Historia (27 de diciembre de 1803 – 5 de mayo de 1881), donde figura como político y hombre de negocios. Su padre fue Isidoro José Echevarría Ybarra, natural de Bilbao. Estaban emparentados con Pablo Garnica Echevarría, cuyo padre fue José Garnica Díaz, natural de Mataró (Barcelona), magistrado y catedrático de Derecho Internacional en la Universidad Central, y su madre, la navarra Adela Echevarría Bardel.

La búsqueda de más protagonistas de estos episodios nos traslada al ámbito jurídico, ya que hemos localizado un recurso de casación en el que aparecen Fernando Puig Gilbert, la condesa de la Vega del Pozo y el juez José de Garnica.

El origen del conflicto resumido es el siguiente:

  • ¿Quiénes se enfrentan?: Hermenegildo Méndez (un agente de negocios de Madrid) contra Fernando Puig (un propietario de Barcelona) y, de forma indirecta, la condesa de la Vega del Pozo (compradora de la deuda).
  • ¿Cuál era el problema?: Hermenegildo le pidió prestadas 60 000 pesetas a Fernando Puig en 1886 dejando unas fincas en hipoteca. Al poco tiempo, Puig le vendió la finca y el derecho a cobrar esa deuda a la condesa. La condesa, al no recibir el pago, embargó a Hermenegildo.
  • La excusa de Hermenegildo: Demandó a Puig alegando que tenían un «pacto secreto» por carta en el que Puig se comprometía a no cobrarle hasta que Hermenegildo cobrara otra supuesta deuda de una herencia (la de Estanislao Figueras).
  • Lo que descubrió la justicia: Que las cartas no decían tal cosa (sino que Puig no paraba de exigirle el dinero) y que Hermenegildo ni siquiera figuraba en la lista oficial de acreedores de esa herencia.
  • Resultado final (1888): Hermenegildo perdió en todas las instancias posibles. El Tribunal Supremo rechazó su última oportunidad, declarando que tenía que pagar la deuda, validando los embargos de la condesa y condenándolo a pagar todos los gastos de los abogados y juicios por haber hecho perder el tiempo a la justicia.

Todas las partes principales intervinientes en el conflicto original:

  • D. Hermenegildo Méndez de Losada: Agente de negocios, vecino de Madrid. Es el deudor original y quien interpone el recurso de casación (el demandante en este paso).
  • D. Fernando Puig y Gibert: Propietario, vecino de Barcelona. Es el prestamista original.
  • La condesa de la Vega del Pozo: Aristócrata que le compra una finca a Fernando Puig y, junto con ella, adquiere el derecho a cobrar la deuda de Hermenegildo, convirtiéndose en la acreedora ejecutante.
  • D. Estanislao Figueras: Persona ya fallecida. Tenía una deuda pendiente con Hermenegildo, la cual este último planeaba usar como excusa para retrasar su pago a Puig.

Representantes legales de las partes:

  • D. José Arana y Morayta: Procurador de Hermenegildo Méndez.
  • D. Joaquín García Goyena: Abogado (letrado) de Hermenegildo Méndez.
  • D. Luis Soto: Procurador de Fernando Puig.
  • Doctor D. Antonio Domínguez Alfonso: Abogado director de Fernando Puig.

Resumimos las fechas clave:

  • 17 de julio de 1883: Fernando Puig le vende la finca Villafranca del Castillo y le cede el crédito hipotecario (la deuda de Hermenegildo) a la condesa de la Vega del Pozo.           (Es de lógica que Fernando Puig era dueño)
  • 15 de mayo de 1886: Fecha de la escritura del préstamo original por 60 000 pesetas otorgado por Fernando Puig a Hermenegildo Méndez (con un plazo de devolución de dos años).
  • 5 de julio de 1886: Hermenegildo Méndez interpone la demanda objeto de este pleito contra Fernando Puig, alegando un supuesto pacto de espera.
  • 16 de diciembre de 1887: La Sala Segunda de lo Civil de la Audiencia de Madrid dicta sentencia en segunda instancia, absolviendo a Fernando Puig y condenando a Hermenegildo al pago de las costas.
  • 9 de julio de 1888: Fecha oficial en la que la Sala Primera del Tribunal Supremo dicta, lee y publica en audiencia pública la sentencia definitiva que rechaza el recurso de Hermenegildo Méndez.

Magistrados del Tribunal Supremo que firmaron la sentencia final:

  • D. José de Garnica (magistrado ponente y encargado de redactar la resolución)
  • Hilario de Igón
  • Alejandro Benito y Ávila
  • José María Alix y Bonache
  • José B. Maestre
  • Raimundo Fernández Cuesta
  • Francisco Soler

El licenciado Desiderio Martínez actuó como secretario relator de la Sala Primera del Tribunal Supremo, encargado de certificar y publicar la sentencia.

Podríamos ser más exhaustivos si recurriéramos al Registro de la Propiedad de Navalcarnero n.º 2, donde seguro que está inscrito todo, no así en los ayuntamientos de referencia, que perdieron toda su documentación debido a la batalla de Brunete; pero no viene al caso.

Según las notas de bastantes fuentes de prestigio, se hace referencia a que D. Fernando Puig Gilbert fue dueño de Villafranca. No sabemos en qué fecha la compró, porque en el deslinde con piedras y cotos de tierra fue en 1870 y lo era Juan Echevarria.  pero posteriormente se la vendió a la condesa de la Vega del Pozo, extremo que esta copia de jurisprudencia atestigua.

La clave de estas operaciones fueron los Bahía, ya que hemos localizado varios documentos en el Archivo Histórico de Protocolos de la Comunidad de Madrid. Concretamente, en el tomo 30663 del año 1885, a cargo del notario Esteban Montero (notario que ejerció en Villanueva de la Cañada, en Villaviciosa y en Brunete, y amigo personal de Cirilo y de Luis Bahía), encontramos los protocolos de:

  • La subasta de la finca La Garnica.
  • La administración judicial de las fincas de Hermenegildo Méndez Losada.
  • Distintos protocolos como administrador y presentador de cuentas de una viña en La Garnica por parte de Luis Bahía.
  • Otros protocolos en los que interviene la condesa de la Vega del Pozo.

Los Bahía conocieron a Fernando Puig Gilbert cuando este llegó a Madrid a una edad ya considerable, animado por entrar en política, y congeniaron rápidamente. Según se desprende de las fuentes, compró el castillo de Villafranca hacia 1880; consideramos que adquirió toda la finca, si bien a este señor apenas se le veía por el campo. Incluimos su biografía, donde se aprecia su inquietud por la modernidad, aunque su patrimonio y familia estaban en Cataluña, a donde finalmente regresó

 Publicamos dos biografías.

  • Cirilo Bahía Calvo y su hijo Luis Bahia Urrutia.
  • Fernado Puig Gilbert

Historia del siglo XIX: Los Bahía, el poder en la sombra

Al investigar la historia de Brunete, es imposible pasar por alto la alargada sombra de la familia Bahía. Oriunda de Galicia, esta estirpe se afincó en el municipio madrileño, donde dejó una profunda impronta a lo largo de tres generaciones. Para comprender el alcance de su influencia, es preciso adentrarse en la vida de dos de sus miembros más ilustres: Cirilo Bahía Calvo (1812-1880) y su hijo, Luis Bahía Urrutia (1848-1943).

Cirilo Bahía Calvo: El eslabón de la alta sociedad

Cirilo nació en el seno de una familia de buena posición. Era hijo de Francisca Calvo y de Miguel Bahía Álvarez (nacido hacia 1781 y fallecido en 1870), quien fuera alcalde de Brunete durante bastantes años. Siendo aún un niño, su padre lo envió a Madrid para estudiar en el prestigioso Colegio Imperial de la Compañía de Jesús, donde despuntó rápidamente; de hecho, la Gaceta de Madrid del 5 de septiembre de 1829 lo recoge en sus páginas como alumno premiado. Posteriormente, se licenció en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Madrid.

Buscando abrirse camino en la capital, Cirilo logró introducirse en el exclusivo entorno de Diego Desmaissières y López de Dicastillo (Conde de la Vega del Pozo y Marqués de los Llanos de Alguazas). Ya establecido como abogado y procurador de los Tribunales Superiores, se le presentó la oportunidad de convertirse en el Administrador General de la casa del Conde.

Para acceder a este puesto de altísima responsabilidad, se requería una fianza económica. El 24 de agosto de 1838, ante el notario de Brunete, Cirilo Gamonal, su padre Miguel Bahía actuó como fiador, hipotecando una posada que poseía en el centro del pueblo por un valor de 10.000 reales.

Esta apuesta familiar relanzó la carrera de Cirilo, quien no solo se convirtió en el apoderado general de la poderosa casa de la Vega del Pozo, sino que también ejerció como procurador en las Cortes y fue nombrado Caballero de la Orden de Carlos III. Su influencia política creció rápidamente: en 1848, a los 36 años, fue nombrado depositario del Gobierno Superior Político de la Provincia de Madrid (cargo equivalente al de Gobernador Civil) y, en 1865, fue elegido concejal del Ayuntamiento de Madrid.

Cirilo se convirtió en un eslabón imprescindible entre la vieja aristocracia, los políticos de carrera y la pujante burguesía industrial y jurídica. Supo moverse con enorme astucia en los agitados años del reinado de Isabel II, la Unión Liberal de O’Donnell, la revolución de «La Gloriosa», el Sexenio Democrático e incluso el breve reinado de Amadeo de Saboya.

El amparo de una gran fortuna y el camino a los altares

Cirilo contrajo matrimonio con Josefa Urrutia y López Gallardo, de origen navarro-francés, quien pertenecía al servicio de los Desmaissières. Tuvieron un hijo, Luis.

En aquellos mismos años, el conde Diego Desmaissières se casó con María Nieves Sevillano y Mocete, naciendo de este enlace María Diega Desmaissières y Sevillano (1852-1916), quien heredaría el título de Condesa de la Vega del Pozo. Lamentablemente, los condes fallecieron jóvenes, dejando a la pequeña María Diega huérfana. Su tía y madrina, Micaela Desmaissières (1809-1865), asumió su tutela. Ambas mujeres quedaron bajo la protección y guía de Cirilo Bahía, quien pasó a administrar su inmensa fortuna.

Micaela, una mujer profundamente religiosa, decidió dar un giro drástico a su vida tras visitar el Hospital de San Juan de Dios y conmoverse ante la situación de las mujeres vulnerables. En abril de 1845 fundó un colegio para la redición de prostitutas en la calle de Dos Amigos de Madrid y, el 12 de octubre de 1850, abandonó definitivamente los fastos de la corte de Isabel II para vivir con sus alumnas. Micaela (cuyo nombre completo era María de la Soledad Micaela Agustina Antonia Bibiana Desmaissières y López de Dicastillo, Vizcondesa de Jorbalán) sería finalmente elevada a los altares como Santa María Micaela del Santísimo Sacramento, fundadora de las Adoratrices.

Durante todo este proceso, Cirilo Bahía fue su soporte y ayuda material, acompañándola en muchas de sus incursiones callejeras. Debido a sus cargos, Cirilo manejaba información privilegiada de todo lo que sucedía en Madrid —incluidas las quiebras de otros nobles— y, por supuesto, de su Brunete natal. Aprovechando su posición, comenzó a comprar tierras de forma masiva. Como dato curioso, en las cédulas kilométricas de Brunete del 1 de agosto de 1867, se anota que Cirilo (ya viudo a los 52 años) poseía una enorme cantidad de propiedades; aquel día no firmó él, sino su apoderado, Santiago Ballesteros.

Luis Bahía y Urrutia: El filántropo emprendedor

A la muerte de Cirilo en 1880, su hijo Luis Bahía y Urrutia (1848-1943) tomó las riendas del patrimonio familiar e inmobiliario a los 32 años. Educado como abogado en el mismo entorno de la casa de la Vega del Pozo, Luis continuó ejerciendo como apoderado de la Condesa María Diega. Su estatus social se consolidó definitivamente al casarse con Milagros Chacón de Antequera. El matrimonio tuvo varios hijos, entre ellos María Luisa Bahía y Chacón (nacida en 1885 y casada en 1918). Desafortunadamente, Milagros falleció prematuramente en Brunete en 1891, a los 50 años, dejando a Luis viudo con cuatro hijos.

Luis heredó la inmensa fortuna que su padre había amasado gracias a la política y a la administración de los bienes de los condes fallecidos. Se le conoció como un hombre sumamente emprendedor, filántropo y, en ocasiones, algo ingenuo (lo que probablemente le llevó a participar en la fallida aventura del petróleo de Sigüenza).

Viñedos, bodegas y el tren que nunca llegó

Donde Luis sí dejó una marca histórica fue en el sector del transporte y la viticultura. Hacia el año 1895, se embarcó en la construcción de una gran bodega industrial en Brunete con el objetivo de elaborar vino de alta calidad. Para ello, centralizó la producción de casi todas las vides de la comarca: desde Villanueva del Pardillo y Villafranca (que contaba con unos viñedos inmejorables) hasta el propio Brunete, sumado a su propiedad predilecta, la Finca la Cepilla.

Para dar salida a esta gran producción, impulsó un proyecto para tender una línea de ferrocarril en la zona oeste de Madrid. Sin embargo, el proyecto fracasó, dando origen a la célebre historia local del «tren que no llegó a Brunete». Sin un transporte moderno que conectara la comarca con la capital, la flamante industria vinícola y la bodega dejaron de ser rentables.

A pesar de este revés, Luis seguía siendo una figura clave en los círculos selectos de Madrid. Fue un hombre de gran sensibilidad cultural: promocionó el canto gregoriano, financió investigaciones arqueológicas y fundó el centro de Defensa Social en Madrid. Además, demostró su generosidad al donar terrenos en Pinto para el Hospital de San Juan de Dios.

Luis Bahía dejó un recuerdo imborrable en el espíritu de Brunete, especialmente por su caballerosidad al no reclamar los antiguos señoríos y fincas feudales de los alrededores. En realidad, la comarca era prácticamente suya de facto: debido al proyecto del tren, había comprado numerosas tierras en Sacedón (antiguo pueblo despoblado, que pasó a Villaviciosa de Odón) para una estación que nunca se construyó; la zona de Villafranca pertenecía a la Condesa (a quien él administraba); y su padre ya había adquirido en propiedad la finca La Cepilla, realmente era el antiguo pueblo Perales de Milla, que paso a anexionarse a Quijona.

Con el fallecimiento de Luis en 1943, a una edad muy avanzada, se cerró una época dorada en la que la familia Bahía, desde la discreción de la administración y las leyes, tejió el destino de Brunete y se codeó con la más alta aristocracia y santidad de España.

Fernando Puig y Gibert (1815–1901)

Fue un influyente industrial, político, financiero y propietario agrario catalán, clave en la modernización económica y en la política arancelaria de la España del siglo XIX.

1. Trayectoria Industrial y Financiera

  • Pionero del lino: Tras empezar como aprendiz de telas, fundó en los años 30 una empresa de hilados de lino en San Andrés del Palomar. Viajó a Bélgica y Escocia para aprender técnicas avanzadas, convirtiéndose en el introductor en España de los hilos de coser en rodetes.
  • Alianza familiar (Fabra y Coats): Asoció a su yerno, Camilo Fabra, expandiendo el negocio hacia el sector algodonero. Esta empresa daría origen tras su muerte a la famosa Hilaturas de Fabra y Coats.
  • Sector Financiero e Infraestructuras: Fue fundador del Crédito Mercantil y del Banco Hispano-Colonial, además de dirigir los proyectos de los canales de Urgel y de Aragón y Cataluña.
  • Aventura del petroleo

2. Innovación Agraria

  • Adquirió terrenos pantanosos en El Prat de Llobregat y los transformó en zonas de cultivo mediante complejas obras de drenaje, canales y maquinaria de vapor.
  • Introdujo nuevos cultivos como la alfalfa y plantas exóticas (como el eucalipto) en su jardín botánico de Gracia.

3. Carrera Política y Diplomática

  • Cónsul y Diputado: Fue cónsul de Bélgica en Barcelona y diputado provincial por el Partido Progresista en varias legislaturas.
  • Senador de por vida: Ejerció como senador desde 1876 (por Barcelona y Gerona) y fue nombrado senador vitalicio en 1894, militando finalmente en el Partido Liberal de Sagasta.
  • Defensa del proteccionismo: En el Senado destacó por su férrea defensa de la industria nacional, oponiéndose a tratados de libre comercio (como el de Francia en 1882), luchando contra el contrabando de Gibraltar y promoviendo mejoras en ferrocarriles y aduanas.

4. Vida Personal y Legado

  • Se casó en primeras nupcias con Dolores Cerdá (madre de su hija Dolores) y, al enviudar, con Concepción Mauri, adoptando al hijo de esta (Fernando Puig y Mauri).
  • Mantuvo una estrecha amistad con figuras como Víctor Balaguer y Emilio Castelar.
  • Fue condecorado con las Grandes Cruces de Isabel la Católica, del Mérito Militar y la Orden de Leopoldo de Bélgica. Su legado industrial y político fue continuado con éxito por su yerno (marqués de Alella) y su nieto.

Sobre este señor es lo que hemos encontrado, sin embargo, con su carácter modernista se embarcó junto a personas importantes en la explotación de una mina de Petroleo, en 1882.

En su accionariado sorprende el alto nivel político de los implicados (5), aunque paradójicamente, no del promotor, que como el mismo reconoce, aportaba las minas.

La única descripción detallada de los empresarios que estaban tras una de estas iniciativas de las que dispongo es aquella de la Sociedad Explotadora de las Minas de Petróleo de Sigüenza.

Repasemos la lista de los componentes del Consejo de la Sociedad:

Presidente: Exmo. Sr. D. Rafael de Bustos y Castilla, Marqués de Cervera, Grande de España, ex-ministro, Senador del Reino

Vicepresidente: Exmo. Sr. D. Fernando Puig y Gilbert, Senador del Reino

Tesorero: Exmo. Sr. D. Juan de Velasco y Fernández de la Cuesta, Marqués de Villa-Antonia, Brigadier del Estado Mayor del Ejército.

Contador: Exmo. Sr. D. Francisco Rubio y Pablos, ex-subsecretario del Ministerio del Ultramar, ex-gobernador civil de Barcelona y otras provincias, ex-consejero del estado y diputado a Cortes

Ingeniero: Ilmo. Sr. D. Juan Navarro Reverter, Ingeniero Jefe Superior de Administración Civil

                Juan Navarro en 1880, cuando era director de la fábrica de gas de Valencia y constructor de la fábrica de gas de Alcoy . En 1886 es elegido diputado a Cortes por el distrito de Segorbe, cargo que mantendrá hasta 1902. Desempeñó múltiples cargos en la Administración, entre ellos los de Ministro de Hacienda, Presidente del Consejo de Estado y Director General de Aduanas.

Ingeniero: Ilmo. Sr. D. Luciano Bremond Barthelemy, Ingeniero Civil, ex-director de la Fábrica de Gas de Madrid.

Abogado consultor: Exmo. Sr. D. Francisco Pi y Maragall, ex-Presidente del Poder Ejecutivo

                Francisco Pi y Maragall (Barcelona 1824, Madrid 1901). Fue Ministro de Gobernación durante la primera república. Importante figura del federalismo español.

Pueden documentar más en   https://histgueb.net/minas_petroleo/index.htm