V. TRANSICIÓN AL SIGLO XX:
DESORDENACIÓN SOCIAL. 2
Segunda parte. Dos paginas, 24 de julio 2026
Lo que sabemos de Villafranca durante el breve periodo en que Fernando Puig fue propietario (hacia 1879), la finca mantuvo una actividad básica y lineal, sin mayores sobresaltos. Esto cambió el 17 de julio de 1883, cuando la vendió a la condesa de la Vega del Pozo, María Diega Desmaissières y Sevillano (1852-1916). Ya que tuvo que hacer frente a las demandas de los vecinos del entorno, quienes no abandonaban la idea de apropiarse de parcelas debido a la incertidumbre sobre la titularidad de las tierras.

Por su parte, Luis Bahía mantenía un control absoluto sobre el terreno. Esto era posible gracias a su relevante posición en Madrid, su amistad con el notario Esteban Montero, su cercanía con los trabajadores, de los pueblos de Villanueva del Pardillo, La Cañada y Brunete —de donde se nutría la plantilla de «La Venta»—, sus visitas periódicas y, sobre todo, la labor de los guardas.
En los cotos y fincas de la época, los guardas constituían la autoridad a pie de campo: iban armados con rifles y actuaban como guardaespaldas cuando los propietarios o administradores inspeccionaban las instalaciones o los cultivos. Cabe recordar el clima de fuerte conflictividad social de aquellos años, en el que familias enteras recurrían a la caza furtiva de conejo, liebre o perdiz, al robo de fruta y aceituna, o a la recogida de leña para poder subsistir cuando faltaba el trabajo.

Esta tensión derivó en episodios trágicos, como la muerte de un joven en Villanueva del Pardillo por el disparo de un guarda tras ser sorprendido cazando un conejo. Esta dinámica violenta se mantendría hasta entrado el siglo XX.

En resumen, la condesa de la Vega del Pozo fue la propietaria de la finca desde 1883 hasta el periodo 1918-1919, bajo la administración de Luis Bahía. Es muy probable que, en su primera visita a la finca, la condesa ordenase a Bahía construir una capilla, posiblemente al encontrar la ermita de San Antón semiabandonada o poco de su agrado. En el Archivo Diocesano de Getafe se conserva el documento que lo acredita:
«Don Luís Bahía y Urrutia, vecino de Madrid, con domicilio en la calle del Carbón, número 2, en calidad de apoderado general de la excelentísima señora doña María Diega Desmaissières y Sevillano, condesa de la Vega del Pozo, expone: que en el coto redondo denominado «Villafranca del Castillo», sito en término municipal de Villanueva de la Cañada y dependiente en lo eclesiástico de Villanueva del Pardillo, ha construido de nueva planta dicha excelentísima señora una capilla pública dedicada a Nuestra Señora del Carmen, a fin de que en ella puedan oír misa el administrador, los labradores, guardas y cuantas personas se encuentren en la fábrica».
(13 de enero de 1893. Archivo Diocesano de Getafe, caja s/n, «Villanueva de la Cañada. Fábrica»).

El documento confirma la presencia de los guardas en la finca y entramos en un periodo austero y problemático económicamente.
En 1891 fallece la esposa de Luis Bahía. Al quedar viudo con cuatro hijos a su cargo, se inicia el declive de su vida personal y profesional. Sus inversiones en el sector ferroviario no se consolidan y le generan importantes pérdidas económicas y de prestigio, situación que se repite con el negocio del vino en la bodega de Brunete y su posterior distribución a la capital. Mientras tanto, sus hijos destacan por un elevado ritmo de vida y constantes fastos que van consumiendo un patrimonio familiar en decadencia.
Curiosamente, en este periodo Bahía da el salto a la política, sirviendo como senador por el distrito de Navalcarnero en las legislaturas de 1910, 1911, 1914 y 1915.
A pesar de sus dificultades, siguió gestionando el patrimonio de la condesa. Sin embargo, cuando esta falleció de forma repentina y sin testamento en sus dominios de Burdeos en 1916, Bahía tuvo que dedicarse por completo a la ordenación de la herencia. Los herederos legales —que abarcaban hasta el octavo grado de consanguinidad— lo acorralaron y acusaron de mala gestión.
Aun así, fue nombrado administrador judicial del juicio abintestato (cuyo fondo documental se conserva en el Archivo General de la Administración en Alcalá de Henares). Para comprender el volumen de la fortuna de la condesa, basta señalar que Bahía tuvo que abonar al Fisco 16 millones de pesetas en España, 3.208. 100.- francos en Francia y 110.115.- libras esterlinas en el Reino Unido. Para afrontar estas cargas, se vio obligado a sacar a subasta varias propiedades de la finada, siendo muy probable que Villafranca fuera una de ellas.
Es evidente que la situación económica y legal sobrepasó a Bahía, a lo que se sumaron los elevados gastos derivados de la boda de su hija con el duque de Lerma, y sus hijos, lo que le llevó a comenzar a hipotecar sus propios bienes.

En el periodo de 1915 al 1925 perdió la emblemática finca, La Cepilla, se rumoreó que por una apuesta y se la quedó el senador Tomas Beurete
La Pellejera y su propia casa solariega de Brunete, pasó a manos del prestamista Ángel Bedriñana.
Finalmente, el 27 de febrero de 1920, un auto firmado por el juez D. José María de la Torre declaró resuelta la testamentaria, de la Condesa de la Vega del Pozo y el 16 de marzo del mismo año Luis Bahía y Urrutia cesó oficialmente en su cargo de administrador.
Estas hipótesis encajan con la documentación histórica (procedente de obras sobre castillos de España y otras fuentes), según la cual hacia 1918 la finca ya figuraba a nombre de la familia Ballesteros.