CAPÍTULO VI. El siglo XX: La salida de la Edad Media
En este episodio analizamos la transformación de la finca Villafranca del Castillo a partir de su adquisición por la familia Ballesteros en 1920. Una etapa clave marcada por la modernización, la visión empresarial, parte 1ª y la posterior vinculación de la familia con el cine, lo vemos en la 2ª parte.
1. La familia Ballesteros: Emprendedores de origen asturiano
Hasta la fecha, no se ha encontrado ninguna relación entre los nuevos propietarios y el apoderado de Cirilo Bahía en Brunete hacia 1867.
Los verdaderos artífices de este cambio fueron los hermanos Ceferino (1869-1935) y Enrique Ballesteros Alba. Nacidos en Asturias y dotados de una gran visión para los negocios, fundaron el 17 de febrero de 1900 la compañía naviera Marítima Ballesteros S.A., dedicada principalmente al transporte marítimo de mercancías como el carbón hacia el Mediterráneo.
De la alta burguesía madrileña a la compra de Villafranca
Al instalarse en Madrid, Ceferino adquirió un palacete en el Paseo del Prado, n.º 6, que reformó al estilo montañés. Como parte de sus nuevos horizontes económicos, compró la finca Villafranca del Castillo a un precio muy ventajoso, con el firme propósito de industrializarla.
Anécdota empresarial en Valencia (1916-1919)
En 1916, Ceferino compró un terreno a Mariano Cuber Sagols cerca de la playa de la Malvarrosa (Valencia) para construir una fábrica de briquetas de carbón para locomotoras. La oposición vecinal fue inmediata por motivos de insalubridad. Sin embargo, en 1919, el propio Cuber Sagols —ya convertido en alcalde de Valencia— otorgó el visto bueno sanitario a la instalación.
La compañía poseía diversas factorías con terminales ferroviarias en Barcelona y Tarragona, además de una flota de vapores entre los que figuraban el Ballesteros 1, el Ballesteros 2, en 1900.
El trágico destino de algunos buques
- El vapor Ceferino: Dedicado al transporte de carga general y sal, fue hundido el 9 de febrero de 1918 por el submarino alemán U-152 mediante la colocación de cargas explosivas, mientras realizaba la ruta Barcelona – Torrevieja – Manila.
- El vapor Serafín Ballesteros: Se hundió el 19 de julio de 1928 tras colisionar con el buque Else cerca de Cabo da Roca (el punto más occidental de Portugal, al norte de Lisboa), mientras transportaba carbón desde Gijón hacia Sagunto.
La saga familiar: Un linaje influyente
De la documentación histórica se desprende que Ceferino Ballesteros fue el miembro de la familia que más se involucró en los proyectos de Madrid y Villafranca.
Casado con Faustina Llaca Cabrales —propietaria de 62 acciones del Banco de España en 1927—, la familia gozaba de una posición económica privilegiada, fijando su residencia habitual en el Paseo del Prado y veraneando en San Sebastián. El matrimonio tuvo cuatro hijos: Faustina, Josefina, Covadonga y Serafín.
Faustina: Contrajo matrimonio en 1933 con Francisco Parga Rapa, consejero de la Armada y secretario de la Inspección General de Navegación. Tuvieron dos hijos: Francisco y María Paloma Parga Ballesteros.
- Josefina: Se casó hacia 1941 con Javier Rivera Zapata (1912-1980), empresario vasco y apasionado de la hípica de competición. De esta unión nació Jaime Rivera Ballesteros, quien continuaría la saga en el mundo del caballo y cuya vida sentimental (como su noviazgo con Carmen Martínez-Bordiú) ocuparía portadas en la prensa del corazón de los años 70.
- Covadonga: Se casó con un profesional de la marina y mantuvo un perfil más discreto en relación con la finca. Falleció en Boadilla del Monte en 2016.
- Serafín: El hijo menor, de temperamento artístico, canalizó toda su creatividad en la naciente industria del cine español (aspecto que desarrollaremos en la segunda parte).
2. La industrialización de Villafranca del Castillo: De la Edad Media a la vanguardia
Ceferino Ballesteros transformó de raíz la finca. Supo ver el enorme potencial económico que permanecía desaprovechado, invirtió una importante suma de dinero y articuló la producción en tres grandes ramas de negocio:
- Zumo de uva concentrado y tónico
- Productos lácteos (queso, mantequilla y leche)
- Avicultura industrial (gallinas ponedoras e incubadora de pollitos de raza)
El zumo de uva CEBE: Innovación y marketing medicinal
Aprovechando los extensos viñedos y las cepas de moscatel centenarias de la finca, en lugar de elaborar vino, la familia optó por instalar una planta industrial para elaborar zumo de uva sin fermentar.
En la década de 1920, el mosto no era un producto de consumo masivo; se introducía en el mercado bajo prescripción médica o como reconstituyente. La iniciativa de los Ballesteros en 1929 fue pionera en España para dar salida al excedente de la uva mediante métodos térmicos y evaporación al vacío, evitando la fermentación alcohólica.
Una estrategia de publicidad avanzada
Bajo la marca comercial CEBE, la empresa desplegó un moderno departamento de publicidad:
- Enfoque en salud: Se anunciaba en publicaciones especializadas como la revista Archivos de Medicina, Cirugía y Especialidades (1931) con el eslogan: «Alimento para que el organismo mantenga su vigor».
- Hábito diario: La publicidad impresa de 1930 promovía su consumo diario en el hogar como un hábito higiénico, idóneo para tomar por las mañanas o tras el baño.
La jornada de puertas abiertas de 1929
Registrada oficialmente como la Explotación Agrícola de Villafranca del Castillo (con oficinas de gestión en el Paseo del Prado, 6), la finca fue una de las instalaciones agropecuarias más avanzadas de la época.
El 21 de diciembre de 1929, los Ballesteros organizaron una jornada de puertas abiertas para presentar sus instalaciones a la prensa y a personalidades del sector. Las crónicas médicas y agrícolas de la época destacaron:
- Tecnología punta: Uso de prensas continuas, evaporadores al vacío y tanques de cemento armado forrados en vidrio para garantizar una higiene óptima del zumo Cebe.
- Capacidad láctea masiva: Producción diaria de más de 5.000 litros de leche de oveja y 10.000 litros de leche de vaca, destinados tanto al consumo en fresco como a la elaboración mecanizada de quesos, mantequillas y lactosa.
- Rigor científico: Instalación de un laboratorio propio equipado para análisis químicos, biológicos y bacteriológicos.
El evento concluyó con un refinado almuerzo servido por el Hotel Palace de Madrid y una visita al histórico Castillo. Las revistas de la época elogiaron la iniciativa:
«Congratulándonos de que unos poderosos capitalistas españoles dediquen su dinero y actividad para laborar en pro de la descuidada industria agrícola, verdadera labor de sano patriotismo.»
Reflejo en la comarca
A pesar de estar a años luz del panorama sociopolítico y técnico medio de la España rural de los años 20, esta brillante etapa industrial apenas dejó huella en la memoria oral colectiva de la comarca. Tan solo han perdurado pequeños recuerdos sobre el importante flujo de trabajadores que, atraídos por la demanda de personal habitaban en La Venta.
Coleccion de fotografias.









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Fin de la primera parte, del capitulo VI.
27 de julio de 2026